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Vender tus emociones para una mejor publicidad

Vender tus emociones para publicidadLos dueños de Google y Facebook se han hecho extremadamente millonarios gracias a vender a terceras empresas nuestros datos personales para, así, poder ofrecernos publicidad lo más individualizada posible. Hasta el momento esta información se basa en los detalles que nosotros queremos aportar, pistas textuales, como los llama el famoso investigador Evgeny Morozov, es decir, nuestras búsquedas en Google, las URL o nuestros ‘me gusta’ en Facebook, entre otras muchas acciones.

Pues bien, parece que esto ya es más cosa del pasado que del presente. Lo que está a punto de llegar es que sean nuestras emociones las que se vendan. Y es que la tecnología para detectar y registrar indicadores no lingüísticos ya es posible. ¿Quemas muchas calorías mientras navegas por una determinada página web? ¿Se aceleran tus pulsaciones al ver cierto vídeo?. El ejemplo perfecto data de 2011. Hace tres años que la conocida compañía automovilística Ford desarrolló un asiento que es capaz de vigilar el ritmo cardíaco del conductor. Si eso se consiguió entonces, quién sabe qué se puede estar probando ahora mismo en los grandes centros de investigación.

En la práctica, pues, ya es posible. Por tanto, no es de extrañar que comiencen a surgir estudios que detallan cómo sacar rendimiento de nuestras emociones a través de la publicidad. Uno de los que ha cobrado mayor notoriedad es el de Computational Affective Video-in-Video, en el que se detalla un método para incluir anuncios en vídeos utilizando un sistema de contenido emocional. Es muy sencillo creer que su capacidad de influencia en el espectador es exageradamente superior a la que consigue la publicidad que se inserta hoy en día en Youtube, que se basa únicamente en los recursos tradicionales.

Según Morozov, Microsoft y Samsung son los que lideran esta transformación del mercado publicitario. El primero ya posee una patente de “anuncios selectivos basados en la emoción” y el segundo está perfeccionando la transmisión de emociones por las redes sociales.

Si esta tendencia continúa, y lo hará porque el rendimiento económico que se puede extraer de ella es extraordinario, el bombardeo publicitario que sufrimos cada día se perfeccionará. Por tanto, dentro de muy poco, cada vez que llores escuchando una canción de Álex Ubago o Sigur Rós, según el gusto, es probable que te aborde un anuncio de Meetic o de subastas de arte, según el caso.

Imagen: sean dreilinger/Flickr (cc)

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