La democracia será tecnológica o no será
La democracia representativa en la que vivimos hoy en día no pasa sus mejores horas. El distanciamiento entre políticos y ciudadanos es, peligrosamente, cada vez más grande. Alemania, un país del que no nos suelen llegar noticias muy positivas, se ha consolidado como un ejemplo a seguir en la utilización de la tecnología para acercar la democracia a las personas de la calle. ¿Gracias a los políticos? No, por supuesto.
Liquid Democracy e. V. es una asociación sin ánimo de lucro con sede en Berlín que ha creado un software capaz de garantizar debates virtuales que pueden ser adoptados por todo tipo de asociaciones. Los berlineses que lo han desarrollado son conscientes de que no a todo el mundo le apetece opinar de todos los temas. Por ello han incluido un sistema de delegación de votos que hace que para cierta cuestión una persona pueda ceder libremente su voto a otra persona. Así el sistema permite no solo apoyar o no una proposición o campaña, que es lo que hacen otras plataformas como Change.org o Avaaz.org, sino que propicia un espacio alternativo para debatir, argumentar y llegar a conclusiones comunes.
Puede ser que escrito suene un poco abstracto, más a un deseo que a algo factible. Pero la realidad es que son muchas las asociaciones alemanas que ya se están interesando por Adhocracy, que es el nombre de la criatura. Y lo bonito es que muchos son partidos polítcos, esas especies de fraternidades secretas que en España funcionan de una forma demasiada parecida al clientelismo. Por ejemplo, los Verdes y los Socialdemócratas ya han anunciado que van a utilizarlo para enriquecer, con las opiniones de los ciudadanos, sus debates internos de cara a las elecciones federales de septiembre.
Y la cosa no acaba ahí, porque el propio Parlamento alemán, el Bundestag, también se ha desvirgado ya en cuanto a esta nueva democracia tecnológica. La conocida como “Enquete Komission” empleó Adhocracy para recoger ideas y consejos de personas de a pie para integrarlas en el documento final, una hoja de ruta de cómo se ha de actuar para prevenir los efectos nocivos de la red en los más pequeños.
Este pequeño pero significativo cambio es un esperanzador paso hacia una democracia con mayor presencia ciudadana en el día a día de la política, una democracia que no se limite simplemente a poner cada cuatro años un papelito en una cajita de cristal. No obstante, para seguir en esta dirección se necesita iniciativa o, al menos, comprensión por parte de la clase política. Desgraciadamente, en España eso es sinónimo de estar obligado a ser pesimista.
Imagen: greenchild/Flickr (cc)






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